En los días que preceden a este post se ha sucedido un debate público por causa de la aplicación de la ley de la «buena muerte» o ley de eutanasia a una ciudadana española llamada Noelia Castillo.
Las posiciones encontradas se las ahorro. Aquí todo el mundo ha opinado lo que le ha parecido mejor. El caso dejó hace mucho tiempo de ser cuestión personal para pasar a ser cuestión social. Un «caso piadoso» del tipo de los que los amigos del diablo son tan aficionados. Las posiciones más satánicas se las ahorro, pero si quieren encontrarlas pueden buscarlas en las ediciones de #ElPaiSOE de estos días anteriores. La posición que, creo yo, mejor refiere la intervención de Leviatán ha sido la de Juan Manuel de Prada en ABC, que reproduzco aquí, y cuya lectura recomiendo.
También Chapu Apaolaza ha tenido una intervención memorable, igualmente en ABC, el día 27.3.2026, que pueden leer haciendo click aquí.
Pero yo creo que ninguno de los debates está bien centrado, porque prescinden de lo esencial. Voy a explicar por qué. Voy a explicar qué es lo esencial. O mejor, quién es el personaje esencial de quien se prescinde en el debate.
Lo esencial es Jesucristo. Jesucristo es Dios. Dios encarnado. Dios vivo. Dios con nosotros. Dios que no nos abandona y que nos está esperando en cualquier sagrario para acompañarnos como viático en el momento de la muerte y como camino, verdad y vida durante nuestro trayecto hacia Él. Esto es lo esencial, que se hurta del debate.
Si, al meditar sobre el caso de Noelia Castillo, prescindimos de lo sobrenatural, y por ende prescindimos de que también nosotros vamos a morir, y de que después de la muerte hay un juicio, que es personal, en el que se valorará incluso nuestro peor chiste o nuestro tic más constante, para que seamos puestos en una balanza y que nuestras obras sean comparadas con las de otro hombre -Jesucristo- que es el canon de la santidad, toda vez que Él mismo es la santidad, entonces toda nuestra perspectiva sobre la muerte, y sobre la vida, y sobre el caso Noelia Castillo, cambia. Cambia porque Jesucristo lo cambia. Jesucristo lo ha cambiado todo. Es el autor de la vida, por el que todo fue hecho,1 y ha cambiado el sentido de nuestra existencia.
Debajo de toda la existencia de la sociedad española, cuya historia es esencialmente cristiana, desde los romanos y los visigodos hasta hoy, está la protección continuada y consistente de una persona: Jesucristo.
El debate real por tanto no es qué pasó o qué había que hacer con Noelia Castillo, cuya muerte, igual que pasa con la causada por un pelotón de ejecución, ha sido socializada por medio de la ejecución de la ley de eutanasia para que los verdugos no sientan culpa personal sino colectiva, sino qué estamos haciendo con Dios en España. Ese es el verdadero debate.
La lógica de la ley de eutanasia, y por tanto del caso de Noelia Castillo, es que Dios no existe. La ley de eutanasia considera que la sociedad puede existir y existe sin tener en cuenta a Dios. No habría habido creación, ni mandamientos, ni gracia para cumplirlos, ni pecado, ni redención.
La lógica de los que nos oponemos a la ley de eutanasia no está en la precaución del sufrimiento, pues postulamos que éste es redentor, como demuestra la historia personal de Jesucristo, sino la lógica de Dios: es él quien da la vida y quien la quita. Las reglas son sencillas: no matarás.
El debate cultural que subyace a la kakotanasia de Noelia Castillo no es un debate sobre la muerte. Es un debate sobre Jesucristo. Los que defienden que Jesucristo no está vivo, y por tanto no es Dios, porque no ha resucitado, están equivocados y se darán cuenta cuanto tengan, antes o después, que arrodillarse ante Él, porque ante Él se doblará toda rodilla2, también la de Noelia Castillo y también la de todos y cada uno de los que justifican su kakotanasia.
España no puede vivir ajena a la presencia real de Jesucristo entre nosotros. Si esa es la Constitución que tenemos, es urgente cambiarla. Pongámonos en marcha. Somos responsables también de nuestras omisiones.
NOTAS A PIE DE PÁGINA:
- HEBREOS, I, 2-4: «En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado» ↩︎
- FILIPENSES, II, 5 – 11: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, | no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo | tomando la condición de esclavo, | hecho semejante a los hombres. | Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, | hecho obediente hasta la muerte, | y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo | y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús | toda rodilla se doble | en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: | Jesucristo es Señor, | para gloria de Dios Padre. ↩︎
