
#ElPaisoe de hoy, en portada, dice que cuestionar al Tribunal Constitucional es cuestionar la democracia. Nada más errado. ¿Quién ha elegido a los magistrados del Tribunal Constitucional? Porque su elección no ha sido democrática. Se ha fundado en mecanismos democráticos, pero es del todo indirecta. El Pueblo no ha escogido a sus magistrados. En España, el Pueblo no escoge a ningún magistrado en ninguna parte de ningún orden jurisdiccional.
Las decisiones de los jueces no se basan en su posición institucional, ni siquiera en su «origen democrático». Se basan en los razonamientos que sustentan la decisión. Se basan en la motivación. Pero si la motivación es absurda, no podemos convertir lo absurdo en «democrático». Si la motivación se separa de lo que dice la Constitución, por muy democrático que sea el origen de los diputados, estamos ante una barbaridad constitucional y jurídica impuesta, habiéndose prescindido de los mecanismos previstos en la propia Constitución para su modificación y, por tanto, sin ninguna legitimación democrática.
Así que menos ampararse en el sillón y más ampararse en los razonamientos. Las sentencias se defienden en virtud de lo que dicen sus fundamentos, no se defienden exhibiendo la toga.
Cuestionar las sentencias del TC no es cuestionar la democracia
