¿Cuántos subvencionados había en el crucero Hondius?

Parece claro que el Hondius era un crucero de ecologistas.

Si hay algo que caracteriza a los ecologistas es su subvencionada condición. Como estamos hablando de la religión oficial de Occidente una vez que los hombres han abandonado el cristianismo, es lógico que quienes se dedican al culto de la «deidad» natural, en cualquiera de sus formas y variedades, como en forma de sol, en forma de luna, en forma de bicho raro o en forma de paisaje oficialmente declarado hermoso, reciban parte de los beneficios que siempre han obtenido todos cuantos están incluidos en la clase sacerdotal.

Es verdad que hay muchos que pagan de su bolsillo, porque la idolatría engendra una generosidad natural hacia el cumplimiento de la finalidad religiosa de la que uno está imbuido. Pero también es cierto que hay muchísimos ecologistas -se cuentan por miles- que están subvencionados.

La peculiaridad consiste en que, mientras unos pagan de su bolsillo, y ya sabrán ellos qué hacen con su dinero, los que están subvencionados pagan de mi bolsillo, y yo quiero saber qué es lo que está pasando con mi dinero. En otras palabras, si estos señores, o cualesquiera otros, operan con subvenciones, yo quiero saber cuánto han recibido y por qué lo han recibido.

Curiosamente, de esto no hay ninguna información. Es más, hay absoluto silencio. La identidad de las personas, especialmente de los españoles, que viajaban en ese barco, ha sido ocultada como si se tratase de una cuestión de Estado o un atentado contra la intimidad. Sin embargo, no es así porque cualquier persona que se acerque a alguno de esos sujetos está directamente interesado en saber que potencialmente puede contagiarse de una gravísima enfermedad. Y por tanto se deben conocer los nombres de las personas que viajaban en ese barco, porque de otro modo los particulares no pueden protegerse de la infección. La intervención del Estado no puede eliminar el derecho de cada uno a autoprotegerse, y ese derecho incluye la información sobre quién es el que está enfermo a tu alrededor. No es lo mismo ponerse mascarilla en general porque uno tiene miedo de contagiarse cuando viaja en avión, que ponerse mascarilla cuando uno está al lado de alguno de los que viajaban en el Hondius. Si las autoridades no dejan atracar al barco en puerto, imagínense ustedes por qué los particulares tenemos que viajar con sus pasajeros en el autobús.

Pero, dejando aparte las cuestiones sanitarias, están las cuestiones económicas. Como cada vez que veo un ecologista me he hecho la mano a la cartera, con la sospecha fundada de que algo se está llamando de la caja común, yo quiero saber, de todos los que viajaban en el Hondius, si alguno de ellos y, en tal caso, quiénes, lo hacían con dinero público. Porque es mi derecho. Y es mi derecho porque era mi dinero y me lo han quitado coactivamente para financiar a este pavo que se dedica a hacer turismo ecologista.

Y además, si en ese barco viajaban algunas personas, cuya identidad hoy todavía no es conocida, que están o puedan estar directamente relacionados con los políticos que ahora tenemos de turno, también lo quiero saber.

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