Tengo que reconocer que las políticas que propone el Partido Popular son, de modo natural, generadoras de votos. Si les digo la verdad, a mí la posición ideológica del Partido Popular me da asco. La razón es muy sencilla: no tiene ninguna. Desde el punto de vista de lo que es ideología, o deben considerarse valores, sus posiciones son coyunturales y dependen de la última encuesta. El Partido Popular no cree en nada. Hoy dice una cosa y mañana la contraria y se queda tan contento. Por ejemplo, y es lo más paradigmático que me viene a la cabeza, el valor fundamental de cualquier sociedad, que es el derecho a la vida, lo pisotea y justifica el aborto. Habiendo sido él mismo, en el gobierno de Aznar, el que hizo subir las cifras de 40.000 a 80.000 abortos anuales. En materia de inmigración, piensa lo que la última encuesta le diga que tiene que pensar. Y además, este pensamiento va por barrios porque sus políticas son unas en Galicia, otras en Extremadura y muy distintas en Murcia. Pero en ese contexto, hay una cosa que no cambia: son partidarios de una buena gestión pública y a eso se dedican.

Desde el punto de vista de la gestión pública, no hay partido en España como el Partido Popular. Es patente que los partidos de extrema izquierda, como el PSOE, que ahora es un partido de extrema izquierda, se dedican al extremo reparto de la renta ajena, utilizando el presupuesto para sacarle el dinero a la clase media y dárselo a la clase baja. Pero la gestión pública no les interesa nada, como pueden comprobar todos los días en cualquier carretera llena de baches, en cualquier tren de alta velocidad (que ahora son de baja velocidad) o en las políticas de vivienda. A los partidos de izquierda, lo que les interesa es repartir y la gestión pública consiste para ellos en repartir con eficiencia.
El Partido Popular, sin embargo, utiliza muy bien lo recaudado y se ocupa de que las empresas también colaboren con las funciones públicas, haciendo que la colaboración público-privada les resulte rentable. Desde ese punto de vista, en España no hay partido igual. Vox ni siquiera tiene esa preocupación, y aunque lo intentara, nunca podría llegar a la altura del Partido Popular, porque ha echado de sus filas a todos los que eran eficientes y conocían a personas eficientes para hacer tareas productivas. Lo que queda en Vox es fuerte ideología y poca prestación pública.
Por esa razón, igual que el socialismo tiene votos porque reparte dinero y hay mucha gente interesada en que les caiga algo (tanta como un 60% de la población), en cambio, en el Partido Popular, lo que hay es mucha gente interesada en que el dinero público se gaste con eficiencia.

Los que están en el Partido Popular están muy interesados en que estas políticas de gestión pública eficiente salgan bien, porque ellos también se llevan algo. Supongo que a ustedes no se les escapa que la gestión pública necesita sueldos públicos y que los sueldos públicos de esa gente eficiente se les entregan a miembros del Partido Popular. Es decir, los miembros del Partido Popular sacan mucho dinero de esta gestión pública eficaz. Desde este punto de vista, el Partido Popular es una gran oficina de empleo. Estar en el Partido Popular y tener un mediocre curriculum en materia de gestión es una garantía de éxito, porque no solamente tienen muchos puestos públicos para repartir, sino que, cuando no los hay, crean puestos públicos para repartir puestos de gestión que garanticen una buena gestión, pero eso sí, siempre con un buen sueldo. Y ese buen sueldo le cae a un miembro del partido, claro.
Estamos una vez más ante una red de intereses creados. La red de la izquierda consiste en repartir; la red de la derecha consiste en repartir entre sus miembros, pero la diferencia está en que, mientras los primeros no hacen nada y se quedan con el dinero ajeno por medio del presupuesto, estos sí hacen algo y aportan algo, de tal modo que España es un país más próspero. Ellos son más prósperos, pero también lo son los empresarios y los trabajadores.
La posición no es la misma porque no se quedan con lo ajeno, sino que ellos tienen algo que hacer: tienen que trabajar y tienen que hacerlo bien, porque si no, el partido, que es un partido de gestión, aunque ellos sean miembros del partido, los echará.
Esa es la estructura electoral que tenemos actualmente en España y eso es lo que usted se va a encontrar a la hora de votar:
– Partidos que se dedican a repartir lo ajeno
– Partidos que se dedican a gestionar lo público
– Partidos que se dedican a gritar porque consideran que entran demasiados inmigrantes
Es una pena que Vox, que pudo haber sido un gran partido, no haya incorporado también la faceta de gestión a su promoción de políticas públicas. Gritar no basta para ganar elecciones. Habrá entre un 13% y un 17% de gente que esté de acuerdo con «la política del no». Pero si lo que quieren es tener una mayoría, los de Vox tienen que mejorar al Partido Popular también en las políticas de gestión y, que yo sepa, Vox no propone ninguna. Excepto en Las Rozas, donde excelentes concejales no paran de promover ahorro en gastos, menor presión fiscal y mayor eficiencia en la gestión de las políticas municipales.
