Tiene su interés analizar la encuesta que publica hoy el ABC en relación con las elecciones en Andalucía.
Lo más llamativo en la misma es la buena valoración que tiene la gestión del Partido Popular en esa comunidad autónoma.

Ustedes dirán que la noticia se refiere al Partido Popular en relación con el Partido Socialista, pero a mí lo que me importa es comprobar la diferencia que tiene el electorado en relación con Vox.
Que la gestión del Partido Socialista es un desastre es cuestión tan evidente que no la voy a comentar.

Lo que me importa comentar es que Vox ha dejado de crecer y eso tiene que deberse a algo. Mi tesis es que se debe a que ha despreciado completamente la gestión pública.
Cuando la gente se asoma a sus políticos de turno, especialmente si se trata del ámbito local o del ámbito de la comunidad autónoma, es decir, de la política cercana, no mira tanto la ideología cuanto la gestión.
Desde ese punto de vista, es importante considerar que el Partido Popular se define a sí mismo como un «partido de gestión».

Un partido de gestión es un partido que no tiene ideología, pero que gestiona bien los bienes públicos. Más o menos, eso es lo que quiere decir el Partido Popular sobre sí mismo.
En efecto, el Partido Popular no tiene ideología ninguna. La va cambiando sobre la marcha y la modifica en función de la última encuesta. Pero lo que no modifica es que el metro funciona, los trenes funcionan, las carreteras funcionan, la educación funciona y todo funciona porque ellos están allí. Son un «partido de gestión».
No hace falta que la gestión sea muy buena. Basta con que sea mediocre. Los votos van a estar ahí y van a generar una mayoría:

La gente paga muy caro el socialismo y quiere que el dinero que ha aportado a las cuestiones públicas, que es una barbaridad y que llega a ser el 40% de sus ingresos, sea adecuadamente gastado. Tiene, por tanto, interés en que haya un buen «partido de gestión» al frente del gobierno.
Dado que el Partido Socialista se ha pasado del todo a la ideología y al robo por medio del presupuesto, haciendo brutales transferencias de rentas de la gente productiva a los parásitos sociales, es evidente que ya no es un partido de gestión. Pero lo malo es que Vox tampoco es un partido de gestión, porque vende lo mismo: ideología antes que gestión.
En mi opinión, esto es lo que lastra a Vox. Ha quitado de todo su mensaje público su capacidad para gestionar los bienes públicos con mayor eficacia que el Partido Popular y ha primado solo la ideología. Pero además y sobre todo, ha expulsado de sus filas a aquellos que han demostrado, precisamente con gestión pública y participación en los ayuntamientos y comunidades autónomas, una elevada capacidad para ser los mejores en la gestión de lo público.
Y más todavía, Vox ha prescindido del mensaje que consiste en decir que devolverá a la gente privada, a las empresas que son las que de verdad saben gestionar el capital, el dinero que necesitan para ser productivos. Y sigue manteniendo el mensaje de que socializará la economía, con lo que no parece nada claro que pueda crecer; incluso creo que perderá votos.
Perderá votos, porque no puede ser de otra manera. Ya que si el dinero va a seguir siendo público en vez de privado, es decir, si la presión fiscal va a seguir siendo la brutalidad que ha sido hasta ahora, mensaje que es el del Partido Popular, lo único lógico es que ese dinero sea bien gestionado y eso no es lo que Vox está promoviendo.
Vox está promoviendo una política populista liderada por Santiago Abascal y, en cambio, ha echado de su partido a los que, como Iván Espinosa de los Monteros, podrían acercarse a las grandes y pequeñas empresas para hacerles ver que tienen la posibilidad de ser muy productivas en medio de una España próspera. Pero ese ha dejado de ser el mensaje de Vox. Ha expulsado de sus filas a todos los que estaban por la productividad.

Si Vox quiere dejar de estar estancado y quiere crecer, tiene que él mismo asumir su condición de partido de gestión, pero con una peculiaridad.
Su gestión tiene que consistir en desestructurar el Estado, devolverle a la gente su libertad, devolverle a la gente su dinero, entregar el dinero a las empresas que son los entes productivos y deshacer las enormes masas de dinero con que cuentan los políticos.
Tiene que ser el mensaje de la libertad. Y, de momento, es sólo el mensaje del populismo. Es un mensaje basado en el «no» y tiene que ser un mensaje basado en el «sí». Y en ese «sí» tiene que superar al Partido Popular. Si no lo supera en este ámbito, nunca lo superará tampoco en votos.
