
Esto ya no es lo que era. Hace algunos años, la política española dependía de qué era lo que decía El País. Los políticos vivían mediatizados por sus editoriales. Los titulares no le decían a la gente lo que tenía que hacer, se lo decían a los políticos. Los políticos, en un 80% de los casos, atendían las exigencias de lo que, por aquel entonces, no era una hoja parroquial, sino los términos en los que la política tenía que discurrir. Era un periódico que había que comprar porque anticipaba lo que luego iba a salir en el Boletín Oficial del Estado.
Con el tiempo, las cosas cambiaron, o más bien, con la red. Las redes sociales diluyeron poco a poco la influencia y el poder de los medios escritos de prensa, y El País no fue una excepción. Es más, fue el caso más grave, el más patente.
Hoy da pena leer sus titulares. Dan la impresión de ser un medio supuestamente de prensa, pero, en realidad, son un medio de agitación y propaganda, siempre preparado para decirle a las masas lo que tiene que hacer, mendigando una noticia o una exclusiva. El titular de hoy es patente: no dice ni lo que va a pasar ni lo que tiene que pasar. Lo único que dice es que mendigan una exclusiva, ruegan al gobierno que les llame a ellos los primeros. A cambio, ponen a disposición cualquier actitud que pueda servir para lo que le interese al Partido Socialista.
El País es un periódico consciente de que su finalidad última, su esencia, consiste en la implantación del socialismo. Es lo único que de verdad le interesa. Y, como ahora el socialismo no se implanta desde la calle, ni siquiera desde las masas, sino desde el gobierno (porque los socialistas y todos los demás enemigos de Dios han tomado el gobierno en España), se ha quedado en la nada. En un periódico destinado a mover espíritus hacia la igualdad por abajo, y se ha convertido en una baja parroquial, la baja parroquial del socialismo, que solo se diferencia de las que antes se imprimían en las parroquias en que no te la dan el domingo, sino todos los días y llega a tu móvil.
La verdad es que da pena el titular de hoy. En el fondo, lo que dice es: no nos han dado consigna para esta mañana. Así que habrá que esperar para que la propia web de El País, cuando el gobierno se decida por una u otra política, la apoye sin condiciones.
La Prensa está poco acostumbrada a que la critiquen. Antes, los periodistas decían: «Perro no come perro». Es un refrán antiguo. Lo que se quiere decir es que los que están en un gremio no se critican entre sí. Pero es que hace mucho que la Prensa, como concepto, ha desaparecido.Ahora la libertad de expresión está en los móviles. Hace mucho que ni siquiera los blogs son ejercicio de la libertad de expresión. Ahora la libertad de expresión está en WhatsApp, está en X, está en Telegram, está en la red que a usted le parezca mejor. Por tanto, este tipo de periódicos no son más que eso: agitación y propaganda en democracia.
Y son medios muy caros, porque las suscripciones a WhatsApp, a X o a Telegram son gratuitas, mientras que a El País hay que seguir no solo pagándole dinero, sino también subvencionándolo, y la subvención la paga… el contribuyente.
