Por un cambio constitucional

Usando la cabeza. Understanding Spanish Politics.
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Por un cambio constitucional
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El 16 de noviembre de 2023 publiqué en este mismo blog un post, que titulé «La derecha es culpable«, en el que sostuve la tesis de que, si Sánchez ha podido gobernar durante casi cuatro años junto con todos los demás enemigos de Dios en España, se ha debido a que la derecha se ha presentado dividida a las elecciones generales.

Tanto el Partido Popular como VOX han sido los culpables de que, durante todo este tiempo, España haya sufrido la vergüenza de ser gobernada por personas cuya negatividad, odio a Dios, fomento de la división social y escarnio de la inteligencia han sido su continuo modo de proceder cuando no su divisa.

Pero eso ya es tiempo pasado. No conviene llorar por la leche derramada. Sí conviene tomar nota de cuáles han sido los errores cometidos.

Lo mismo que fue un error mantener a Rajoy o incluso creer en él, ha sido monstruoso el error que cometieron los Partidos de la derecha -PPy Vox- al pensar que tanto el uno como el otro eran imprescindibles: que podían vivir sin contar con su vecino de al lado.

Advierto a mis lectores que ahora se presenta para todos un momento excepcional que en cierto modo repite el problema.

Si aprendemos algo de las lecciones del pasado, nos encontraremos con que la llamada «alternancia de gobierno» es una idea estafadora promovida por los enemigos de Dios y de España. La propaganda de que los gobiernos tienen que cambiar de tendencia cada 8 o 12 años es falaz. Dar por bueno que al cabo de 8 o 12 años vienen otra vez los socialistas, se gastan toda la caja, nos arruinan con deuda, subvierten los valores y luego los demás tenemos que arreglar, en el siguiente «turno», lo que ellos han pasado a llamar «nueva normalidad», es una estafa política. Un engaño.

La idea que subyace a ese criterio es que el socialismo tiene derecho a gobernar cada poco tiempo, destrozándolo todo. Ese es el «turno». Unos años gobierna Dios, otros gobierna el diablo.

Yo niego que ese postulado sea verdad. El socialismo, unido a los demás enemigos de Dios y de España, no pueden estar cada poco causando un daño institucional y espiritual a los valores históricos de la nación española.

Para evitar que el socialismo gobierne es necesario un cambio constitucional. Es necesario modificar el artículo 135 de la Constitución. Debe haber presupuestos anuales (no los ha habido en toda la legislatura). Es necesario modificar los derechos fundamentales. Debe quedar claro que Dios tiene un papel en la sociedad. Es necesario cambiar las reglas del Tribunal Constitucional, porque se ha demostrado que su politización no tiene límites. Es necesario reformar muchos aspectos de la Constitución que han sido pisoteados por Sánchez. Es necesario reformar la educación. Es necesario volver a los orígenes de la Historia española. Es necesario poner a los enemigos de Dios en su sitio.

Para todo eso solo hay una manera, que es reformar la Constitución. Y para reformar la Constitución se necesitan que tanto el Partido Popular como Vox concurran unidos a las elecciones. Es verdad que el panorama político actual prácticamente garantiza, salvo que la izquierda proceda al fraude electoral, un resultado favorable. Incluso muy favorable. Las encuestas honestas dicen que el valor agregado del número de diputados y senadores que pueden conseguir PP y Vox supera la mayoría absoluta. Pero la división entre ambos Partidos hace que el resultado nunca pueda ser suficientemente favorable como para contar con dos tercios del Congreso de los Diputados. Del Senado sí. Del Congreso de los Diputados, no.

España necesita urgentemente un cambio constitucional y esta oportunidad histórica se presenta ahora y no se presentará más en los próximos 50 años. Desastres como los causados por Sánchez, que en sí mismos no son deseables, no volverán, o así se lo pido a Dios. Pero precisamente para que no vuelvan, es necesario que el socialismo sea expulsado del panorama político. Para expulsar a los socialistas, a los nacionalistas y a los ecologistas de la política radical, y también para impedir las alianzas entre ellos, es necesario un cambio constitucional y es necesario un cambio en la ley electoral.

Los cambios en la ley electoral son posibles, pero solo en un ámbito muy estrecho, porque, aunque haya mayoría suficiente para corregir algunos aspectos de la misma, la mayoría no es suficiente para corregir los defectos estructurales del sistema electoral, que están en la Constitución. También para cambiar el sistema electoral, lo que se necesita es un cambio en la Constitución.

El Partido Popular y Vox deben ser conscientes de su responsabilidad histórica a la hora de presentarse unidos a las elecciones, no con un programa pequeñito de vivienda o de gasto público, sino con un programa estructural de mejorar la Constitución española para convertirla en un sistema político, jurídico y económico blindado frente a los enemigos de España: el socialismo, el separatismo nacionalista y el ecologismo radical. Debemos blindar nuestro continuo y meritorio esfuerzo empresarial y económico para que no nos sigan robando los que quieren repartir lo ajeno cada 10 o 12 años.

Lamento mucho decir que, en mi opinión, el egoísmo natural de PP y Vox y la inquina entre ellos hará prácticamente imposible la ejecución de una idea como esta. Pero no quiero que, igual que en 2023 señale la culpabilidad de éstos por los tres o casi cuatro años de Sánchez, ahora quede en el tintero la nueva culpabilidad por omisión del Partido Popular y de Vox por no presentarse con listas únicas a las elecciones para promover un cambio constitucional en esta oportunidad histórica, con la finalidad reformar la Constitución y de expulsar definitivamente al socialismo, al nacionalismo, al ecologismo y a toda la izquierda radical de nuestro suelo.

Por favor, no me vengan con que una Constitución sería partidista, imposible o demasiado excluyente. Estamos hablando de un régimen político democrático y lo que estoy proponiendo no se consigue con la violencia: se consigue con votos y es el fruto de una elección. Si saben plantear la elección, habrán conseguido, por medios estrictamente democráticos, promover una Constitución que sirva a Dios y sirva a España.

Si no lo hacen así, señores candidatos, ustedes mismos serán nuevamente culpables de su omisión, provocada por su soberbia y por su egoismo. Los que se presenten a diputados o senadores deben saber que son responsables ante Dios y ante la historia, ante España y ante todos los ciudadanos, ante mí, de qué sea lo que hayan elegido.